domingo, 22 de febrero de 2009

Directiva Pedagógica: Competencias Publicado por Itorres el 5/9/2005 (312 lecturas) La formación profesional por competencias es un requerimiento de estricto cumplimiento para las instituciones de Educación Superior, para los docentes y para los estudiantes, y un compromiso de capacitación en esta línea que debemos adquirir todos los que trabajamos en este nivel educativo para profundizar, cada vez más, en el tema y tratar de comprenderlo y llevarlo a la práctica de la manera más adecuada.
DIRECTIVA PEDAGÓGICA FUNLAM– COMPETENCIASJulio de 2004
PRESENTACIÓN
Las políticas sobre la calidad de la educación superior, establecidas por el Ministerio de Educación Nacional, apuntan al desarrollo de competencias, concepto que aparece tanto en la norma sobre estándares de calidad como en las resoluciones específicas reglamentarias de los diferentes programas.
El decreto 2566 de septiembre 10 de 2003, en el artículo cuarto, al referirse a los aspectos curriculares establece, entre otras cosas, que: “El programa deberá garantizar una formación integral que le permita al egresado desempeñarse en diferentes escenarios, con el nivel de competencias propias de cada campo” y agrega que: “los perfiles de formación deben contemplar el desarrollo de las competencias y las habilidades de cada campo y las áreas de formación”.
El mismo decreto, en el artículo 18, dice que: “El tiempo estimado de actividad académica del estudiante en función de las competencias académicas que se espera el programa desarrolle, se expresará en unidades denominadas créditos académicos”.
Por lo tanto, la formación profesional por competencias es un requerimiento de estricto cumplimiento para las instituciones de Educación Superior, para los docentes y para los estudiantes, y un compromiso de capacitación en esta línea que debemos adquirir todos los que trabajamos en este nivel educativo para profundizar, cada vez más, en el tema y tratar de comprenderlo y llevarlo a la práctica de la manera más adecuada.
El tema de competencias se debe enmarcar en una concepción humanista y de formación integral, y no en un enfoque tecnócrata instrumental. No podemos correr el riesgo de entender la competencia solo como el saber hacer, en el contexto de la economía mundial y de la ideología neoliberal. La educación superior tradicional se ha centrado en la formación profesional para la era industrial y del desarrollo económico. Ahora debe centrarse en la formación de personas y profesionales para el desarrollo de las potencialidades del ser humano, y para la era y sociedad del conocimiento. No se puede caer en la trampa de formar en competencias solo como respuesta al mercado laboral y al eficientismo económico y descuidar el desarrollo de la persona. Ser competente no puede convertirse, únicamente, en ser buen productor y consumidor. Educar por competencias tiene el riesgo de aplicar una epistemología mercantilista, eficientista y empresarial con el descuido de lo antropológico, lo ético, lo social y lo cultural. El ser humano debe ser educado para desempeñarse en el campo laboral pero también para la felicidad, para la realización personal como sujeto con autonomía y libertad, para la trascendencia. De no ser así, seguiríamos desintegrando la educación. El reto es encontrar el camino para integrar humanismo con producción y trabajo en educación. De ahí que educar por competencias es una labor compleja y de largo alcance.
EL CONCEPTO DE COMPETENCIA
El término de competencia según los teóricos tiene su origen en Noam Chomsky cuando se refería a la competencia lingüística. El Alemán Gerhard Buk, en la década del 70, introduce el término en el campo educativo y en el laboral.
Formar en competencias es buscar que los profesionales que se preparan en las instituciones de educación superior logren conocimientos y desarrollen actitudes, habilidades y destrezas para actuar con suficiencia y calidad en un contexto determinado, y con conciencia de las consecuencias y repercusiones de su actuación.
Reuniendo elementos de los múltiples conceptos existentes podemos decir que: competencia es el bagaje o dotación que posee el sujeto, tanto en cuanto al ser como persona como al conocer y saber hacer, para realizar una tarea con éxito y calidad en un contexto o situación específica, ya sea en la vida o en el trabajo y contribuir a su mejoramiento.
El concepto de competencia está ligado al de idoneidad para realizar una tarea o desempeño eficaz en un puesto de trabajo y en la vida, encierra una connotación de responsabilidad o cumplimiento, a cabalidad, de algo que corresponde hacer. Hace referencia a un conocimiento o aprendizaje puesto en acción, que integra el saber ser con el conocer, con el saber hacer, con el comprender y con el trascender. Es un concepto holístico o integral que implica, a la vez, conocimiento, actuación, comprensión de lo que se hace y sus consecuencias. Tener competencias no significa solo demostración de aprendizaje de conceptos o de métodos y algoritmos, sino demostrar y comprender lo que se hace en un contexto en el que siempre habrán relaciones e interacciones entre sujetos y una realidad.
En síntesis, se es competente cuando se actúa, de manera comprensiva, en un contexto determinado y se tiene la capacidad de evaluar lo que se hace y se interactúa para mejorar el contexto cuando así lo requiere el desarrollo y el bienestar humano.
Cuando en el Reglamento Estudiantil de la Funlam la evaluación se refiere al desarrollo de la persona en cuanto a responsabilidad, creatividad e iniciativa, autonomía, interacción con los demás; y a aspectos puramente académicos como la capacidad de análisis, comprensión e interpretación; grado de asimilación, apropiación, aplicación de conocimientos, y reconocimiento de conceptos, métodos, enfoques y procesos investigativos se está haciendo referencia a la formación integral que no es otra cosa que formación en competencias, pues no se puede ser competente si no se demuestra idoneidad y dominio en todos estos campos.
La competencia supone a la vez, conocimientos, comprensión, valores, habilidades, actitudes, para desempeñar tareas o actividades y para trascender. Lo que significa una visión integral y no meramente cognitiva de la educación.
COMPETENCIAS Y APRENDIZAJE
Lo interesante del enfoque de educación y formación por competencias es que permite entender que con el solo discurso del docente en el salón de clase el estudiante no podrá llegar a ser competente. Es necesario que el estudiante se convierta en sujeto activo de su propio aprendizaje, acompañado por el docente, lo que significa un cambio en las prácticas pedagógicas, metodológicas y evaluativas. Formar en competencias significa centrar más la acción en el sujeto que aprende y se forma que en los contenidos que no son más que un medio. La educación por competencias privilegia el aprendizaje y la evaluación por procesos con un mínimo énfasis en la cátedra o discurso magistral. En este sentido, está en la línea de los planteamientos de los créditos académicos.
Si se hace un estudio concienzudo de la educación tradicional se encontrará que muchas cosas que se enseñan no tienen sentido ni sirven para nada, salvo para que el docente demuestre erudición a través de su discurso. Sin embargo, es ahí donde se ha centrado el fin y el énfasis del proceso: en los contenidos.
Cuando se trata del verdadero aprendizaje lo que cuenta no es la información superficial que se posee sino lo que hay en las profundidades del sujeto para tener un adecuado desempeño en la vida. Lo que importa no es cuánto sabe el estudiante y el profesional sino lo que hace realmente con lo que sabe. Ser competente es tener conocimientos necesarios para actuar en un medio y obtener resultados con calidad, eficiencia, oportunidad y seguridad. Es poseer aprendizajes permanentes, significativos, demostrados con suficiencia en situaciones específicas y con conciencia de las consecuencias que se derivan de la actuación y la interacción con los otros.
Las competencias no se obtienen sólo con el aprendizaje de los contenidos del currículo ofrecido por la institución escolar, y demostrado en exámenes o pruebas de rendimiento académico. Se obtienen con la comprensión, la aplicación y la práctica y se demuestran en el desempeño en situaciones concretas de la vida y del trabajo.
TIPOS DE COMPETENCIA
Como ejercicio mental y para efectos metodológicos se puede hablar de diferentes tipos o categorías de competencias: básicas o fundamentales, específicas, laborales y tecnológicas.
Básicas o fundamentales: son las que apuntan a la formación de un ser humano integral y se convierten en elemento clave para acercarse, de manera adecuada y exitosa a cualquier conocimiento o aprendizaje. Por lo tanto, constituyen la esencia de todo proceso de formación y educación en todos los niveles. No están ligadas a un desempeño en particular sino a todo tipo de desempeño y forman al sujeto para que siga aprendiendo y se ubique, adecuadamente, en el mundo del trabajo y en la vida misma.
Entre ellas encontramos, por ejemplo, las siguientes: motivación y deseo de aprender; auto estima; comunicación en sus aspectos de lectura comprensiva, escritura, expresión oral y escucha; interpretación de tonos y gestos, espíritu de observación; capacidad de crítica y cuestionamiento; responsabilidad; aprendizaje autónomo; honestidad; ética; valoración; argumentación; interpretación; solución de problemas; cálculo matemático básico; convivencia; trascendencia; interacción efectiva con los demás; trabajo en equipo; manejo de conflictos. Hoy en día, una competencia fundamental es superar la resistencia al cambio y el temor a lo desconocido. El mundo cambiante y la aceleración del cambio exigen que se desarrollen estas competencias básicas y fundamentales antes que las específicas.
Específicas: Son aquellas que van ligadas a un desempeño concreto particular en una profesión u oficio y que no se transfieren a otros. Cada programa, cada carrera tendrá las competencias particulares requeridas por los perfiles profesionales y ocupacionales. Son las propias del área profesional.
Laborales: Son las que permiten desempeñarse con éxito y con calidad, en un ambiente de trabajo o desempeño de funciones productivas. Pueden ir de la mano con las específicas y también con las básicas y fundamentales. Ejemplo: manejo del tiempo, acceso a fuentes de información y utilización de ella; presentación de informes; trabajo en equipo; iniciativa; gestión y liderazgo; negociación; comunicación.
Tecnológicas: Tienen que ver con el manejo de procesos, equipos, herramientas, manuales de operaciones, diseños, instrumentos. Encierran un trasfondo pragmático.
También podría establecerse una categorización de las competencias desde el ser, que apuntan al desarrollo humano como tal; el conocer, que tienen que ver con el cultivo de las potencialidades de la mente para aprender; y el hacer, que se refieren a lo pragmático, funcional e instrumental. Lograr las tres categorías es tener una real formación integral.
Desde el ser tendríamos competencias tan fundamentales como: seguridad, autonomía, sensibilidad, compromiso consigo mismo y con los demás, solidaridad, empatía, responsabilidad, ética, capacidad de valoración y decisión, lealtad a sus principios y a sus compañeros, honestidad, sociabilidad, auto estima, actitud positiva, apertura al cambio, amor a la vida, orden, entre otras.
Desde el conocer estarían: memoria, percepción, abstracción, comprensión, comunicación, competencias básicas para aprender a aprender, espíritu de observación, capacidad de argumentación, pensamiento crítico, reflexivo y analítico, visión holística de las cosas; creatividad, espíritu investigativo, deseo de aprender, solución de problemas, investigación, utilización de fuentes de información, entre otras.
Desde el hacer tendríamos: trabajo en equipo, capacidad de decisión, adaptación al medio, organización, manejo del tiempo, planeación, evaluación, gestión de recursos y procesos, acercamiento y ejecución de órdenes, negociación, servicio al cliente, conciliación, manejo y aplicación de tecnologías, mantenimiento y cuidado de equipos, innovación, entre otras.
La vida contemporánea está exigiendo que los profesionales desarrollen competencias para lo que podríamos denominar como poliaprendizajes o macrocompetencias que serían: aprender a ser, a conocer, a hacer, a actuar, a sentir, a pensar, a reflexionar, a vivir, a convivir, a aprender, a crear, a innovar, a trascender, a aplicar, a comprender, a tener, a estar, a proyectar.
COMPETENCIAS Y DISEÑO Y DESARROLLO DE CURSOS
El trabajo por competencias debe estar ligado a la flexibilidad curricular en general y a la flexibilidad en el diseño y desarrollo de los cursos en particular.
Cuando el docente vaya a diseñar su curso debe reflexionar sobre los siguientes, aspectos: Tipo de hombre y de sociedad deseados en el momento actual; tipo de profesional que se debe formar; el proyecto educativo institucional; los fines y objetivos del programa; las competencias que espera desarrollar en los estudiantes; análisis de las cartas descriptivas del programa; selección y organización de los contenidos y de las actividades necesarias para el logro de las competencias y de los objetivos; las estrategias metodológicas más adecuadas para conseguirlo; los procesos e instrumentos requeridos para la evaluación o verificación del logro; la certificación final como constancia de posesión de competencias.
Las competencias presuponen la existencia de objetivos que especifican los resultados esperados en el desarrollo del proceso de aprendizaje. Si ambos están claramente establecidos, será fácil seleccionar los contenidos, las actividades, los saberes, las actitudes, las estrategias y los procedimientos para lograrlos.
El desarrollo de un curso por competencias, además de eliminar contenidos y actividades inútiles e innecesarias, permite orientar el proceso para que el estudiante sienta, viva, interiorice y tenga una real experiencia en la reflexión y búsqueda de soluciones a situaciones concretas y autoevalúe su actuación.
El docente del curso debe acompañar el proceso de tal manera que el estudiante logre motivación e interés, comprensión de los contenidos y actividades, apropiación de los diferentes conceptos y procedimientos e incorporación a sus estructuras de pensamiento y experiencias. El trabajo por competencias acaba con el modelo academicista y fragmentado centrado en contenidos y en memorización de datos.
El presupuesto básico para todo el proceso es que exista, en el estudiante, el deseo y el interés por aprender. Si no existe, el maestro debe provocarlo. En este aspecto, un factor de motivación es la forma como el docente selecciona y organiza los contenidos y las actividades de aprendizaje. El ideal sería que el estudiante participara en esta fase del proceso. También son factores importantes de motivación, que se deben tener en cuenta, los espacios físicos, los ambientes humanos, las interacciones, los tipos y estilos de aprendizaje y de docencia.
ORGANIZACIÓN DE CURSOS POR COMPETENCIAS
El siguiente es un esquema que puede orientar el diseño y programación de un curso por competencias:
Facultad o programa ____________________________________Nombre del curso _______________________________________Número de créditos ______________________________________
Unidades Objetivos competencias Contenidos yactividades Tiempo de clase magistral Tiempo de trabajo en grupos en clase Socialización e informes Trabajo independiente evaluación
Uno Esenciales, complementarios
Dos
El diseño y desarrollo de un buen curso debe tener las siguientes características
• Definición de objetivos y competencias• Adecuada selección y organización de contenidos y actividades (pertinencia)• Elementos motivadores y de interés • Participación de los estudiantes, tanto en el diseño como en el desarrollo• Evaluación y autoevaluación formativa de procesos• Información permanente, clara y precisa al estudiante sobre el proceso en el aprendizaje y los factores que lo afectan (retroalimentación)• Utilización de los resultados para mejorar
ESTRATEGIAS PEDAGÓGICAS Y COMPETENCIAS
La mejor manera para desarrollar competencias en los estudiantes es ponerlos en condiciones de solución de situaciones y problemas, al menos simulados, lo cual no siempre es fácil y posible. De las prácticas se deberían derivar muchos elementos para el mejoramiento de los cursos. Se aprende más con la experimentación en cabeza propia, no en la del otro, ni con la recepción de un discurso.
Recibir y acumular información no es poseer conocimiento, menos aún, tener competencia. Esta, pone en juego un conocimiento que se debe demostrar en una situación determinada, tal como se dijo antes. La formulación de las competencias debe contemplar: el conocimiento, la habilidad, las destrezas, las actividades para actuar y el alcance o nivel de asimilación y de profundidad. Esto significa tener claro cómo combinar un sistema de relaciones existentes entre conocimiento y el saber; entre las habilidades y destrezas y el saber hacer; entre valores y actitudes y el saber ser; entre la asimilación y profundidad y el contexto en el que se demostrará la idoneidad o posesión de la competencia. Todo lo cual apunta a una formación integral.
Trabajar por competencias es centrar el proceso de enseñanza aprendizaje en el estudiante a través de nuevas estrategias metodológicas tales como: observación, análisis y estudio de casos; diseño y desarrollo de proyectos o experimentos; realización de talleres; planteamiento y solución de problemas; elaboración de preguntas escritas por parte de los estudiantes; espacios de reflexión; lecturas dirigidas y comentadas; presentación de informes; elaboración de artefactos; trabajo en pequeños grupos.
COMPETENCIAS Y EVALUACIÓN
El Reglamento Estudiantil de la Funlam concibe la evaluación como un proceso crítico, intencionado y sistemático de recolección, análisis, comprensión e interpretación de información para verificar y valorar la formación integral del estudiante. Al hablar de formación integral se está haciendo referencia a las competencias.
Al ser la evaluación un proceso de verificación y valoración de la formación y del aprendizaje, su ejecución tiene que corresponder con lo diseñado y desarrollado, es decir, debe ser válida, y debe abarcar todos los factores y elementos que de una u otra manera afectan el proceso y los distintos actores educativos, no solo al estudiante. La evaluación tradicional se centra en el estudiante y en muchas ocasiones, evalúa lo que no se ha diseñado ni desarrollado durante el proceso y tiene carácter terminal.
Al trabajar por competencias hay que corregir estas fallas. La evaluación por competencias exige actuar durante el proceso, sobre la marcha, a medida que se realiza el aprendizaje, por medio de la autoevaluación del estudiante y la comunicación y el diálogo permanente entre quien acompaña el aprendizaje y el sujeto que aprende. Por eso, la evaluación por competencias es fundamentalmente formativa y de carácter predictivo, pues la actuación en situaciones específicas sólo se dará en el ejercicio profesional y laboral.
Una analogía ilustra el cambio que se debe dar al respecto: en la evaluación tradicional el evaluador procede como el espectador que desde algún lugar ve pasar una procesión, la observa, la analiza, la critica pero su relación con ella no pasa de ser contemplativa y externa. En la evaluación integral por competencias el evaluador está involucrado en la procesión, camina con ella, acompaña el recorrido, hay diálogo y compromiso, asume responsabilidades por lo que ocurre.
Si no se tiene una adecuada concepción de las competencias se corre el riesgo de evaluar únicamente el producto o resultado y descuidar el proceso. En el desarrollo del currículo y en la evaluación, la competencia es más una abstracción que una realidad pues difícilmente se puede observar, de manera directa, un desempeño, salvo en el campo de las prácticas. Lo que hace la evaluación es una deducción basada en ciertos comportamientos y aprendizajes y, a partir de ahí, un pronostico de lo que pasará posteriormente.
La evaluación por competencias exige una dinámica dialógica que tiene en cuenta los conocimientos del sujeto pero en relación con un contexto y con los factores que lo acompañan. Requiere superar la visión tradicional de evaluación como aplicación de exámenes y pruebas y el tratamiento uniforme y homogéneo de los estudiantes, para centrar la acción en la auto evaluación y el acompañamiento de la misma. Exige adaptación al medio, a los estudiantes, a las necesidades sociales y culturales de cada comunidad.
Se fundamenta en la reflexión y el diálogo constante y flexibiliza y borra las fronteras existentes entre el saber que circula en los textos escolares y el saber que se adquiere por la experiencia vital que proporciona la cotidianidad. De ahí que la práctica deba ser núcleo central, a partir del cual se evalúen y se certifiquen las competencias.
La evaluación por competencias intenta analizar las potencialidades del sujeto que se forma y aprende a partir de sus posibilidades y limitaciones, vistas en un contexto a través de problemas puntuales, y dará cuenta no de lo que el sujeto estudió o aprendió sino de lo que hace con lo que estudió o aprendió, lo que sólo se puede determinar en la práctica o en el desempeño laboral propiamente tal.
La evaluación tradicional busca detectar lo correcto o lo incorrecto, lo verdadero o lo erróneo y cumple únicamente con las funciones de controlar, seleccionar, clasificar, verificar resultados y jerarquizar a los estudiantes en una escala que va de malo a excelente, generando individualismo y matando todo intento de cooperación y solidaridad. En cambio, la evaluación por competencias busca el diálogo y la reflexión a partir de la autoevaluación del sujeto de formación y aprendizaje, con el apoyo o a partir del portafolio personal de desempeño. Este instrumento registra los logros y dificultades presentadas en el proceso y permite determinar el grado de logro de las competencias. Además, permite que el estudiante asuma los errores cometidos y las dificultades presentadas como oportunidades de crecimiento y mejoramiento continuo con propuestas de nuevas acciones y correctivos.
En este orden de ideas la evaluación no se impone sino que se motiva como acompañamiento, cooperación y participación.
PELIGROS DEL TRABAJO POR COMPETENCIAS
Aún a riesgo de ser repetitivo y reiterativo, es necesario resaltar los peligros que encierra una mala concepción de las competencias y el consecuente trabajo con ellas. La competencia surge del campo laboral, no del educativo. Si bien los profesionales que egresan de las instituciones de educación superior salen saturados de academia pero con desconocimiento sobre lo que ocurre en el mundo laboral y empresarial, y que la educación poco ha pensado en formar para el trabajo, situación que obliga al egresado que obtiene un empleo a empezar por aprender a trabajar porque no es competente, no se pueden desconocer los riesgos que ahora empieza a correr la educación.
Aunque es un hecho que el enfoque de educación por competencias es una respuesta al mercado laboral, no se puede supeditar la educación al trabajo, a la producción y al consumo. Es cierto que la educación debe proporcionar elementos para el desempeño laboral pero no puede quedarse ahí. Debe ir más allá y formar para el desarrollo integral, para un proyecto de vida. Sería un error formar el homo faber con descuido del homo sapiens, el homo eticus, el homo politicus, el homo spiritual. Sería desintegrar la educación en lugar de integrarla, algo así como formar a un profesional sobre medida en una sociedad de desempleo, subempleo y marginación; sería acentuar la brecha entre unos pocos privilegiados que tienen oportunidad de demostrar sus competencias porque consiguen trabajo y una gran masa de desempleados y subdesempleados que no encuentran dónde ni cómo ejercer las competencias que, supuestamente, logró en el proceso educativo.
La educación por competencias no puede caer en la trampa de centrar su acción, exclusivamente, en la preparación para el trabajo, para la producción, para el eficientismo económico, para lograr resultados prácticos (pragmatismo), con descuido del desarrollo del ser, de la sociedad y de la cultura. Sería un peligroso bumerang al servicio del capital, centrado en las relaciones de producción con invisibilización del ser humano. Una cosa es que el conocimiento vaya ligado a lo práctico y otra que se reduzca a lo práctico.
Esperamos que estas consideraciones enriquezcan las reflexiones que deben acompañar su labor pedagógica en el contexto de los cambios que viene solicitando la sociedad actual a través de sus entes gubernamentales.
José Jaime Díaz OsorioVicerrector Académico
Bibliografía:
Maldonado García, Miguel Ángel. Las competencias, una opción de vida. ECOE ediciones, Bogotá, 2002.
Jurado Valencia, Fabio. El doble sentido del concepto de competencia. En revista Magisterio No. 1 febrero – marzo 2003.
Montenegro Aldana, Ignacio Aldón. ¿Son las competencias el nuevo enfoque que la educación requiere? En revista Magisterio No. 1 febrero – marzo 2003.

APRENDIZAJE CON BASE EN COMPETENCIAS

El MEN ha promovido la formación por competencias. Se entiende por competencia el conocimiento, la capacidad y la actitud que tiene una persona para actuar de forma adecuada, y con satisfacción, sobre algún aspecto de la realidad, en un contexto determinado.
La competencia es un concpeto integral que reúne el saber qué,es decir los conceptos y significados; el saber cómo, osea las habilidades y procedimientos; el saber por qué, es decir, los valores; el saber para qué, que tiene que ver con las finalidades, los intereses y la motivación.

Ser competente en algo significa tener dominio de la totalidad de los componentes necesarios para actuar de manera adecuada y con calidad, poner en juego un saber que se muestra en un contexto determinado y se hace visible en el desempeño. Este a su vez, pone en juego el aprendizaje, tanto declarativo o de los conceptos y significados como el procedimentalo algoritmico; el demostrativo o de aplicación, y el de interacción humana, que tiene que ver con la ética, las relaciones y el proyecto de vida.


Tomado del libro: Rutas de reflexión pedagógica de José Jaime Díaz Osorio. FUNLAM